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SAN PABLO DE LA
CRUZ
El místico del
Calvario

El
día 3 de enero de 1694 en la pequeña ciudad Ovada,
cerca de Alejandría. al norte de Italia, nació Pablo
Francisco Danei Massari. Es el siglo XVIII, también
llamado "siglo de las luces" pues, en general, se
pensaba que la inteligencia humana es la única
autoridad y que la fe y la revelación son un obstáculo
al desarrollo de la humanidad.
Pablo vivió su niñez en un hogar auténticamente
cristiano, desde el cual experimentó las alegrías y
los sufrimientos de la vida: de 16 hijos del
matrimonio Lucas Danei y Ana María Massari sólo
sobrevivieron 6. No faltaron también las dificultades
económicas, por lo que la familia tuvo que cambiar
continuamente de domicilio en busca del trabajo.
Pablo, quien desde muy pronto debió ayudar a su padre,
no pudo asistir con regularidad a la escuela.
El
gran testimonio de la fe cristiana de Ana Maria -su
madre- ejerció gran influencia en la educación
religiosa de Pablo, a la que éste correspondió con una
respuesta generosa.
A
los 19 años, en 1713, el joven Pablo tomó la primera
gran decisión de su vida. La predicación de un
sacerdote o una charla espiritual con él le impresionó
de tal forma que, profundamente emocionado y
arrepentido, hizo confesión general de sus pecados y
decidió consagrar su vida a Dios de un modo más
radical y absoluto. Él mismo llamará después a este
momento su "conversión a penitencia ".
Años más tarde, cuando en 1716 el Papa Clemente XI
invitó a la cristiandad a una cruzada contra los
turcos, Pablo creyó oír en esto la voz de Dios, pues
quería morir mártir y se alistó voluntario, pasando
algún tiempo en cuarteles y campamentos. Convencido de
que éste no era el servicio que Dios le pedía, regresó
a la casa de sus padres a quienes siguió ayudando en
sus necesidades, dedicaba muchas horas a la oración,
participaba diariamente en la misa y se entregaba a
duras penitencias.
Pablo Francisco tenía 26 años sus hermanos habían
crecido y sus padres no necesitaban tanto de su de
ayuda. Por este tiempo, sintió la llamada de Dios a
fundar una orden religiosa:
"... sentí mi corazón
movido por el deseo de retirarme a la soledad; ... me
vino la inspiración de llevar una túnica, de andar
descalzo, vivir en estrechísima pobreza y llevar, con
la gracia de Dios, vida de penitencia; ...me vino la
inspiración de reunir compañeros para vivir con ellos
promoviendo en las almas el santo temor de Dios; me vi
en espíritu vestido de una túnica negra, con una cruz
blanca sobre el pecho, y bajo la cruz escrito el
nombre santísimo de Jesús con
letras blancas...
El
22 de noviembre de 1720 Pablo se despidió de su
familia y se dirigió a su obispo, Mons. Gattinara, en
Alejandría. Este, en una ceremonia sencilla y en su
capilla privada, revistió a Pablo de la Cruz con el
hábito negro de ermitaño. Las seis semanas siguientes
del 23 de noviembre de 1720 al 1 de 1721, las vivió en
el trastero de la sacristía de la Iglesia de San
Carlos, de Castellazzo, en las más precarias
condiciones de alojamiento. Son como los ejercicios
espirituales preparatorios para su misión de ermitaño
y fundador . En adelante su
apellido será "de la Cruz".
Por orden de su obispo, Pablo de la Cruz consigna por
escrito los sentimientos y vivencias interiores de
esos días en un "Diario espiritual". En él vemos a qué
grado de oración ha llegado ya, así como las grandes
líneas de la doctrina espiritual que vivirá y enseñará
durante los 55 años siguientes. En las anotaciones del
primer día aparece ya la idea fundamental y
programática de toda su vida:
"No deseo saber otra cosa ni quiero gustar consuelo
alguno; sólo deseo estar crucificado con Jesús ".
Acabados estos días el Pablo de la Cruz pasó los meses
siguientes en distintas ermitas de las cercanías
viviendo en soledad; daba catecismo a los niños en los
lugares vecinos, predicaba los domingos e incluso dio
una misión. Quiso ir a Roma para pedir personalmente
al Papa le aprobara las Reglas de la nueva Orden
religiosa, misma que escribió durante los 40 días de
Castellazzo. En Septiembre de 1721 se dirigió a Roma,
pero sufrió una gran desilusión. Es rechazado por los
guardias de Papa con palabras no muy amables. Aunque
profundamente decepcionado, no se desanimó. En la
Basílica María la Mayor hizo un voto especial:
“dedicarse a promover en los
fieles la devoción a la Pasión de Cristo y empeñarse
en reunir compañeros para hacer esto mismo”.
A
su vuelta a Castellazzo, se les unió su hermano Juan
Bautista que, lleno de los mismos ideales, fue hasta
su muerte en 1765 el compañero fiel de Pablo. Durante
los años siguientes vemos a los dos experimentar la
Regla pasionista en diferentes ermitas y colaborando
con las parroquias vecinas mediante el catecismo y la
predicación.
Tras la etapa eremítica Pablo de la Cruz creyó
necesario que él y su hermano vivieran en Roma para
conseguir de la Santa Sede la aprobación de las
Reglas; por eso prestaron sus servicios en el Hospital
de San Gallicano cuyo Director les aconsejó hacerse
sacerdotes. Después de un breve curso de Teología
pastoral, en junio de 1727 los dos hermanos Danei
fueron ordenados sacerdotes en la Basílica de San
Pedro por el Papa Benedicto XIII.
Siguiendo su gran impulso a vivir en la soledad y a
reunir más compañeros formando la primera comunidad
los dos hermanos se dirigieron al Monte Argentario,
unos 150 Kilómetros al norte de Roma, junto a la
costa. Ahí vivieron en una pequeña ermita. El aumento
de candidatos hizo pequeño el local, y construyeron el
primer convento de la naciente Congregación, el cual,
por innumerables dificultades, fue inaugurado hasta
1737.
Pero faltaba todavía la aprobación de las Reglas o Una
comisión de cardenales nombrada para su estudio
suavizó algo su gran austeridad, y en mayo de 1741
fueron aprobadas por Benedicto XIV; habían
transcurrido 21 años desde que fueron escritas
el nombre de la nueva orden
religiosa sería: ”Congregación de la Santísima cruz y
Pasión de Nuestro Señor Jesucristo”, título que
expresaba claramente su peculiaridad en la Iglesia.
Los Religiosos Pasionistas anunciarán por todas partes
el misterio de la Cruz y Pasión de Jesucristo a lo
cual se obligarían por el voto específico.
Pablo de la Cruz encontró el sentido completo de su
existencia en la Memoria de Jesús Crucificado, quien
dio su vida por todos nosotros (Jn 3,16). En su asidua
contemplación del crucificado, Pablo encontró un
camino de acceso al misterio de Dios que es vida y
amor, y que desea destruir el peso del pecado y del
sufrimiento. Él descubrió que Dios está más cerca de
los pobres, de los que no tienen nada, y sintió la
urgencia de salir a su encuentro para esto: voz
anunciarles al Dios de la vida.
Fundó la Congregación de la Pasión con la esperanza de
que continuara haciendo presente al Crucificado, que
pronuncia su juicio sobre el pecado del mundo, que es
la causa de la injusticia y del sufrimiento de muchos
hermanos y hermanas, y hace al hombre capaz de amar de
un modo nuevo. Quiso que la Congregación fuera un
signo humilde del grande Amor de Dios.
A
lo largo de su vida -murió a los 82 años-, Pablo de la
Cruz fundó 11 conventos. En 1771, el santo, ya
anciano, inauguró el primer monasterio de religiosas
pasionistas de clausura, que vivirían el mismo
espíritu según la Regla escrita también por él.
Además de fundador, Pablo de la Cruz, fue predicador
de misiones populares y gran director espiritual.
Poseía cualidades muy especiales para esto: voz
potente, agradable presencia física, dotes retóricas
extraordinarias. Pero lo que más impactaba de él era
su testimonio de íntima unión con Dios, su devoción y
su santidad.
Por su gran actividad apostólica -200 misiones y 80
tandas de ejercicios espirituales- mantuvo contacto
con gran número de personas que solicitaban su consejo
en la vida espiritual, a quienes él sirvió
especialmente por correspondencia.
El
18 de octubre de 1775 pasó Pablo a la Casa del Padre
con una muerte tranquila y santa en el convento de los
Santos Juan y Pablo en Roma. Así terminaba su larga
vida de trabajos y sufrimientos por Cristo y por el
prójimo. Fue beatificado por Pío IX el 1 de mayo de
1853; fue canonizado por el Papa el 29 de junio de
1867.
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