-Primeros seis números de nuestras Constituciones-
La vocación pasionista
1.
San Pablo de la Cruz reunió compañeros que viviesen en común para
anunciar el Evangelio de Cristo a los hombres.
Desde el principio los llamó «Los Pobres de Jesús», porque su vida
debía fundarse en la pobreza evangélica, tan necesaria para observar
los otros consejos evangélicos, para perseverar en la oración y para
anunciar continuamente la Palabra de la Cruz. Quiso que los mismos
compañeros siguieran un estilo de vida «a la manera de los Apóstoles»
y fomentasen un profundo espíritu de oración, de penitencia y de
soledad, por el que alcanzasen una unión más íntima con Dios y fuesen
testigos de su amor.
Con clara visión de los males de su tiempo, proclamó incansablemente
que la Pasión de Jesucristo, "la obra más grande y admirable del
divino amor", es el remedio más eficaz.
2. La Iglesia, habiendo reconocido la acción del Espíritu Santo
en San Pablo de la Cruz, aprobó con su autoridad suprema nuestra
Congregación y sus Reglas, para la misión de anunciar el Evangelio de
la Pasión con la vida y el apostolado
Esta misión conserva siempre toda su fuerza y validez..
Para actualizarla nos reunimos en comunidades apostólicas y trabajamos
para que venga el Reino de Dios.
Confiados en la ayuda de Dios, queremos permanecer fieles al espíritu
evangélico y al patrimonio del Fundador, a pesar de las limitaciones
humanas.
3. Sabiendo que la Pasión de Cristo continúa en este mundo
hasta que Él venga en su gloria, compartimos los gozos y las angustias
de la humanidad, que camina hacia el Padre. Deseamos participar en las
tribulaciones de los hombres, sobre todo de los pobres y abandonados,
confortándolos y ofreciéndoles consuelo en los sufrimientos.
Por el poder de la Cruz, que es sabiduría de Dios, trabajamos con
ilusión por iluminar y suprimir las causas de los males que angustian
a los hombres. Por este motivo, nuestra misión se orientar evangelizar
mediante el ministerio de la Palabra de la Cruz, a fin de que todos
puedan conocer a Cristo y el poder de su resurrección, participar sus
sufrimientos y configurarse a Él en su muerte para alcanzar su gloria
( cfr. Filp. 3,10-11 ). Todos participamos en apostolado, cada uno
según las posibilidades, las aptitudes y los servicios que le sean
encomendados.
4. Aceptamos las apremiantes exigencias que a cada uno de
nosotros nos pide la llamada personal del Padre para seguir a Jesús
Crucificado; a saber: esfuerzo continuo para hacer del Evangelio de
Cristo norma suprema y criterio de nuestra voluntad constante de vivir
y trabajar gozosamente en comunidad fraterna, observando estas
Constituciones según el espíritu de San Pablo de Cruz; firme propósito
de fomentar en nosotros mismos el espíritu de oración y de enseñar a
otros a orar; y además, diligente atención a las necesidades de los
hermanos para conducirlos a la plenitud de la vocación cristiana por
la Palabra de la Cruz.
Nuestra consagración a la Pasión de Jesucristo
5.
Buscamos la unidad de nuestra vida y de nuestro apostolado en la
Pasión de Jesucristo. Ésta revelación del poder de Dios, que penetra
el do para destruir el poder del mal y edificar el Reino de Dios.
Llamados a tomar parte en la vida y en la misión de Aquel «que se
anonadó a sí mismo tomando for ma de esclavo»( Filp.2,7) , en
asidua oración contemplamos a Cristo que, al entregar su vida por
nosotros, revela el amor de Dios a los hombres y el camino que también
éstos deben seguir para llegar al Padre. Esta contemplación nos hace
cada vez más capaces para manifestar su amor y ayudar a los demás, de
modo que ofrezcan su vida con Cristo al Padre.
6. Nuestra participación en la Pasión de Cristo, que ha de ser
personal, comunitaria y apostólica, se expresa con un voto especial.
Por él nos comprometemos a promover la memoria de la Pasión de Cristo
con la palabra y con las obras , a fin de propagar un conocimiento más
efectivo de su valor para cada hombre y para la vida del mundo.
Por este voto nuestra Congregación ocupa su puesto en la Iglesia y se
consagra plenamente a cumplir su misión.
A la luz de este vínculo vivimos los consejos evangélicos, procurando
cumplir el voto en la vida diaria.
Así, nuestras comunidades tratan de convertirse en fermento de
salvación dentro de la Iglesia y en medio del mundo. Y cada uno de
nosotros vive la memoria de la Pasión de Cristo según las exigencias
de los tiempos actuales.