ÓRGANO OFICIAL DE INFORMACIÓN DE LA PROVINCIA 

CARTA DE SAN PABLO DE LACRUZ
  PASIONISTAS

 

 

 

CARTA A TODOS LOS HERMANOS DE LA PROVINCIA EN LA FIESTA DE PENTECOSTÉS

 

Q

ueridos hermanos:

 

 

D

esde la comunidad de La Habana a todos saludo y abrazo con el Don más vivo y hermoso que hemos recibido del Espíritu Santo, cuya fiesta vamos a celebrar. Ese Espíritu del Padre y del Hijo es quien nos une, nos ha llamado en nuestra vocación pasionista, nos perdona,  resucita, y es el verdadero protagonista de nuestra fidelidad y revitalización en este momento de nuestra vida religiosa. Agradecemos al Espíritu Santo su generosidad manifiesta en las jóvenes vocaciones que se unen por su gracia a compartir  y entregar su vida con nosotros. Y le imploramos que sea verdadero Consolador para tantos hermanos enfermos, algunos ingresados en postoperatorio, Cándido, Pindado, Hno. Manuel, Teodoro Molina, Félix Sierra, Piélagos, a la espera según creo de posible intervención, además de quienes en la enfermería o en nuestras comunidades tenemos de continuo en nuestra mente y corazón. Oración que os pido más intensa por nuestro querido hermano Paulino, en Roma, al que nos sentimos todos ahora especialmente vinculados.

C

on estos sentimientos doy paso a un auténtico testigo y hombre experimentado en el espíritu para que sea él, nuestro Fundador, Pablo de la Cruz, quien personal y comunitariamente nos ambiente y disponga en la mejor celebración de esta fiesta. Interiorizar sus palabras es la mayor seguridad para renovarnos y vigorizar el impulso que hemos de dar a nuestra comunidad provincial. A nosotros nos basta con incorporar y hacer lo que él nos dice. Con su palabra nos sentimos interpelados y esperanzados en el presente y futuro de nuestra vida y carisma religioso.

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E

stando cercana, amadísimos hijos y hermanos en Jesucristo, la dulce y sobremanera suavísima solemnidad del Espíritu Santo, a la que cada uno debe disponerse para recibir dignamente, en la casa interior de su alma, a tan soberano huésped, su Señor y su Dios, no queremos dejar de poner lo que está de nuestra parte, por oficio de caridad, visitándoos con esta nuestra pobre carta, a fin de que conozcáis cuán vivo es el deseo que la bondad del Señor ha impreso en nuestro corazón de que seáis todos santos, como lo pide el Instituto a que la misericordia de Dios os ha llamado.

Así que, carísimos, para prepararse bien a la susodicha sacrosanta, divina festividad, cada uno de vosotros examínese bien a sí mismo, para ver si hay en él algo que no sea puramente Dios; Y esto lo conoceréis mirando a ver si en todas vuestras operaciones es purísima la intención y si procuráis cada día que esa intención se vaya haciendo siempre más deiforme, esto es, toda divina, obrando en todas vuestras acciones según Dios y por sólo amor de Dios, uniendo vuestras obras a las de Jesucristo Señor Nuestro, que es nuestra Vida, Verdad y Camino.

¡A

madísimos hijos! “Mortui enim estis et vita vestra abscondita est cum Christo in Deo”. Por consiguiente, muertos a todo lo que no es Dios, manteneos con grandísimo desprendimiento de todo lo creado, verdadera pobreza y desnudez de espíritu, despojados de todo apego a los consuelos sensibles, en los que demasiado se mezcla nuestra corrompida naturaleza, haciéndose ladrona de los dones de Dios, cosa sumamente peligrosa y perniciosa. Poned el máximo empeño, con la gracia santísima de Jesús, en morar constantemente dentro de vosotros mismos, en verdadera soledad interior, para llegar a ser verdaderos adoradores del Supremo Bien en espíritu y en verdad. Todo esto lo conseguiréis, si os empequeñecéis cada vez más, porque Dios ama a las almas niñas, a éstas es a las que enseña esa alta sabiduría que ha escondido los sabios y prudentes del mundo. No os alejéis nunca de las llagas santísimas de Jesucristo, procurad que vuestro espíritu esté todo revestido y penetrado los dolores santísimos de nuestro Divino Salvador, y estad seguros de que El, divino Pastor, os guiará como a sus amadas ovejitas hacia su redil. ¿Y cuál es el redil de éste dulce, soberano Pastor? ¿No lo sabéis? Es el seno del Divino Padre. Y porque Jesús está el seno del Padre, “Christus Iesus qui est in sinu patris”, por eso El gusta de conducir y hacer reposar allí a sus amadas ovejitas.

 

Y

 todo este celestial, divino trabajo, se realiza en la casa interior del alma de cada uno, en pura y desnuda fe y santo amor, con verdadera abstracción de todo lo creado, en pobreza de espíritu y perfecta soledad interior. Pero gracia tan excelente sólo se concede a los que procuran ser cada día más humildes, sencillos y caritativos.

 

P

or tanto, amadísimos hijos, andad a porfía a ver quién puede ser más humilde, más puntual y observante. Emulamini charismata meliora. Procurad ser sencillos y humildes como niños, no perdáis de vista vuestra horrible nada, vuestro nada tener, nada saber, nada poder. Cavad, profundizad, que no hallaréis en vosotros de vuestra cosecha más que una pura y horrible nada. I Oh, cuánto os recomiendo esta humildad de corazón Y esta sencillez infantil, que os harán ser respetuosos y caritativos los unos con los otros, sumisos a todos, como dice el Apóstol San Pedro: “Estote  subiecti omni creaturae propter Deum”. Y, sobre todo, si tenéis suma reverencia al Superior que su Divina Majestad os ha dado por padre y guía de vuestras almas, para que recurráis a él con sencillez y simplicidad de niños, descubriéndole fielmente vuestro interior y obedeciéndolo sin rechistar lo más mínimo como a lugarteniente de Jesucristo, ¡oh, qué vuelos tan rápidos haréis hacia la santa perfección! ¡Oh qué paz encontraréis! Y esa paz, que es fruto del Espíritu Santo, os hará crecer en caridad los unos para con otros, siendo un solo corazón en Jesucristo (punto muy importante). Y a este efecto, ninguno se atreva a juzgar las acciones de su hermano, mirando sólo en él la santidad y en sí mismo únicamente vicios y defectos, siempre empero con pacifico disgusto y deseo de curar pronto de ellos. Creedme, que la peste de las comunidades religiosas es el juzga las acciones de los demás, perdiendo de vista las propias. El interpretar mal las acciones, el murmurar de los defectos ajenos, el andar con chismes, llevando lo que se oye de un lado para otro, ¡oh, qué peste!, ¡ qué ruina ocasiona en las pobres comunidades!

L

a verdadera humildad, que descubre en uno mismo cada vez más defectos, no deja lugar a examinar las acciones de los demás, sino que nos hace andar solícitos para extirpar toda cosa viciosa, desagradable a los ojos de Dios. Por otra parte, como la verdadera humildad de corazón le hace a uno conocer y creer que no hay persona en el Mundo peor que la propia ¿qué lugar puede quedar para hacer juicio sobre los demás, pues los tiene a todos, por mejores y por santos? Dejemos a los superiores el cuidado de vigilar que Dios les dará luz y gracia para remediar todo desorden; y obedezcamos cuando nos piden que expongamos nuestro parecer o que les demos alguna, información para el buen régimen y gobierno de la comunidad religiosa o de alguno en particular; entonces sí que podemos estar seguros de hacer la voluntad de Dios, y todo cuanto fielmente digamos redundará, entonces en mayor gloria del Señor y nuestro propio espiritual provecho.

Aquí tenéis expuesto compendiosamente todo cuanto nuestra pobre capacidad nos ha dictado para disponeros a recibir en la casa de vuestra alma al Espíritu Santo, con todos los sublimes dones y gracias abundantísimas que le acompañan. No me queda más, amadísimos, sino pediros finalmente que celebréis la próxima y santísima novena congregados todos en uno, es decir, que os unáis espiritualmente con todos vuestros hermanos, los que viven en otros retiros; y que esta unión sea en verdadera fe, esperanza y caridad. Los Santos Apóstoles celebraron esta novena “congregati in unum”, ¡Oh dulce Congregación de caridad, que estrechas y unes los corazones en un solo corazón en Jesucristo!  ¡Oh suave caridad, rica en obediencia, de humil de paciencia, de silencio de mansedumbre y de todo bien! Con esta unión de fe y de caridad invoque oh amadísimos, todos juntos al Espíritu Paráclito, Espíritu consolador, para que venga a ocupar toda la casa interior de nuestra alma y toda nuestra pobre Congregación. Imploremos del Padre de los pobres, de este Dador de gracias, de esta Lumbre de los corazones, el favor del verdadero espíritu de nuestro Instituto, que es el verdadero espíritu apostólico, rico de toda virtud. Pidámosle que abra las venas de aguas vivas de sus gracias, para que todos bebamos con abundancia, a fin de que ardamos de amor y abrasados de caridad, encendamos el fuego divino en los corazones de nuestros pobres prójimos, por medio de la predicación santa de las penas santísimas de nuestro Amor Crucificado. ¡Ay, amadísimos!, rogad, pedid al Altísimo que dilate nuestra pobre Congregación, que la provea de hombres santos, para que, como trompetas, animadas por el soplo del Espíritu Santo, vayan a predicar lo que ha hecho y sufrido por amor de los hombres Jesús; ya que la mayor parte de ellos viven olvidados de todo completamente, cosa digna de llorarse sin consuelo y causa de tantas iniquidades como abundan por el mundo. Por último, os suplicamos y conjuramos por las entrañas de la misericordia de Dios que roguéis a Su Divina Majestad por este pobre e indignísimo siervo y padre vuestro, considerándolo el más necesitado de todos, para moveros a mayor compasión haciendo oración por el mismo con mayor fervor, seguros de nuestra gratitud en todas nuestras oraciones y  sacrificios, en los que os damos palabra de que incesantemente hacemos memoria de todos vosotros, a fin de que Su Divina Majestad, que “coepit in vobis opus bonum, ipse perficiet”, como lo esperamos. Impartiéndoos nuestra bendición, imploramos del Señor para vosotros todo bien”.

 

PABLO DE LA CRUZ, Prepósito.

2 de mayo de 1750.

 

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