|
CARTA DE PENTECOSTÉS
EN EL AÑO JUBILAR DE LA
FUNDACIÓN DE LA PROVINCIA
Queridos hermanos de la comunidad provincial:
Se acerca la fiesta del Espíritu
Santo. En alguna comunidad se preparan con la novena. En otras tienen
vigilias. Cedo mi palabra a quien nos escribe con esta ocasión una
densa y muy actual carta. Un hombre realmente lleno de Espíritu Santo.
Quiero leamos esta carta en comunidad y que se rumie cada texto en
nuestro corazón. No basta sacar las dos ideas fundamentales. Sino
asumir la experiencia fundamental que transmite, para la verdadera
revitalización de nuestra vocación religiosa pasionista. Si logramos o
nos disponemos a impregnarnos de este espíritu, no habrá
reestructuración que se nos resista, el futuro se abrirá asegurado y
la alegría de la caridad, el fruto más jugoso del
Espíritu Santo, inundará nuestras comunidades.
Escuchad en nuestro centenario
jubilar, lo que el mismo Espíritu nos dice, desde quien es nuestra
referencia y modelo permanente y nuevo.
CARTA DE SAN PABLO DE LA CRUZ
A nuestros amadísimos hijos y hermanos en Jesucristo, sacerdotes,
clérigos y legos que componen esta religiosa familia,
salud, paz y bendición de Nuestro Señor Jesucristo, Pablo de la Cruz,
Prepósito y Siervo.
Estando cercana, amadísimos hijos y hermanos en Jesucristo, la
dulce y sobremanera suavísima solemnidad del Espíritu Santo, a la que
cada uno debe disponerse para recibir dignamente, en la casa interior
de su alma, a tan soberano huésped, su Señor y su Dios, no
querernos dejar de poner lo que está de nuestra parte, por oficio de
caridad, visitándoos con esta nuestra pobre carta, a fin de que
conozcáis cuán vivo es el deseo que la bondad del Señor ha impreso en
nuestro corazón de que seáis todos santos, como lo pide el Instituto a
que la misericordia de Dios os ha llamado.
Así que, carísimos, para prepararse bien a la susodicha sacrosanta,
divina festividad, cada uno de vosotros examínese bien a sí mismo,
para ver si hay en él algo que no sea puramente Dios; y esto lo
conoceréis mirando a ver si en todas vuestras operaciones es purísima
la intención y si procuráis cada día que esa intención se vaya
haciendo siempre más deiforme, esto es, toda divina, obrando en todas
vuestras acciones según Dios y por sólo amor de Dios, uniendo vuestras
obras a las de Jesucristo Señor Nuestro, que es nuestra Vida, Verdad y
Camino.
¡Amadísimos hijos!
Mortui enim estis
et vita vestra abscondita est cum, Christo in Deo.
Por consiguiente, muertos a todo lo que no es Dios, manteneos con
grandísimo desprendimiento de todo lo creado, en verdadera pobreza y
desnudez de espíritu, despojados de todo apego a los consuelos
sensibles, en los que demasiado se mezcla nuestra corrompida
naturaleza, haciéndose ladrona de los dones de Dios, cosa sumamente
peligrosa y perniciosa.
Poned el máximo empeño, con la gracia santísima de Jesús, en morar
constantemente dentro de vosotros mismos, en verdadera soledad
interior, para llegar a ser verdaderos adoradores del Supremo Bien en
espíritu y en verdad. Todo esto lo conseguiréis, si os empequeñecéis
cada vez más, porque Dios ama a las almas niñas, a éstas es a las que
enseña esa alta sabiduría que ha escondido a los sabios y prudentes
del mundo. No os alejéis nunca de las llagas santísimas de Jesucristo,
procurad que vuestro espíritu esté todo revestido y penetrado de los
dolores santísimos de nuestro Divino Salvador, y estad seguros de que
El, divino Pastor, os guiará como a sus amadas ovejitas hacia su
redil. ¿Y cuál es el redil de éste dulce, soberano Pastor? ¿No lo
sabéis? Es el seno del Divino Padre. Y porque Jesús está en el seno
del Padre,
Christus Iesus qui est in
sinu Patris,
por, eso El gusta de conducir y hacer reposar allí a sus amadas
ovejitas.
Y todo este celestial, divino trabajo, se realiza en la casa interior
del alma de cada uno, en pura y desnuda fe y santo amor, con verdadera
abstracción de todo lo creado, en pobreza de espíritu y perfecta
soledad interior. Pero gracia tan excelente sólo se concede a los que
procuran ser cada día más humildes, sencillos y caritativos. Por
tanto, amadísimos hijos, andad a porfía a ver quién puede ser más
humilde, más puntual y observante.
Emulamini charismata meliora.
Procurad ser sencillos y humildes como niños, no Perdáis de vista
vuestra horrible nada, vuestro nada tener, nada saber. nada poder.
Cavad, profundizad, que no hallaréis en vosotros de vuestra cosecha
más que una pura y horrible nada. ¡Oh, cuánto os recomiendo esta
humildad de corazón y esta sencillez infantil, que os harán ser
respetuosos y caritativos los unos con los otros, sumisos a todos,
como dice el Apóstol San Pedro:
Estote subiecti omni creaturae propter Deum.
Y, sobre todo, si tenéis suma reverencia al Superior que su Divina
Majestad os ha dado por padre y guía de vuestras almas, para que
recurráis a él con sencillez y simplicidad de niños, descubriéndole
fielmente vuestro interior y obedeciéndolo sin rechistar lo más
mínimo. como a lugarteniente de Jesucristo,
¡Oh, qué vuelos tan rápidos haréis hacia la santa perfección! ¡Oh, qué
paz encontraréis! Y esa paz, que es fruto del Espíritu Santo, os hará
crecer en caridad los unos para con los otros, siendo un solo corazón
en Jesucristo (punto muy importante), Y a este efecto, ninguno se
atreva a juzgar las acciones de su hermano, mirando sólo en él la
santidad y en sí mismo únicamente vicios y defectos, siempre empero
con pacífico disgusto y deseo de curar pronto de ellos. Creedme, que
la peste de las comunidades religiosas es el juzgar las acciones de
los demás, perdiendo de vista las propias. El interpretar mal las
acciones, el murmurar de los defectos ajenos, el andar con chismes,
llevando lo que se oye de un lado para otro, ¡oh, qué peste!, ¡Qué
ruina ocasiona en las pobres comunidades!
La verdadera humildad, que descubre en uno mismo cada vez más
defectos no deja lugar a examinar las acciones de los demás,
sino que nos hace andar solícitos para extirpar toda cosa viciosa,
desagradable a los ojos de Dios. Por otra parte, como la verdadera
humildad de corazón le hace a uno conocer y creer que no hay persona
en el mundo peor que la propia, ¿qué, lugar puede quedar para hacer
juicio sobre los demás, pues los tiene a todos, por mejores Y por
santos?.
Dejemos a los superiores el cuidado de vigilar; que Dios les dará luz
y gracia para remediar todo desorden; y obedezcamos cuando nos piden
que expongamos nuestro parecer o que les demos alguna información para
el buen régimen y gobierno de la comunidad religiosa o de alguno en
particular; entonces sí que podemos estar seguros de hacer la voluntad
de Dios, y todo cuanto fielmente digamos redundará entonces en mayor
gloria del Señor y nuestro propio espiritual provecho.
Aquí tenéis expuesto compendiosamente todo cuanto nuestra pobre
capacidad nos ha dictado para disponeros a recibir en la casa de
vuestra alma al Espíritu Santo, con todos los sublimes dones y gracias
abundantísimas que le acompañan.
No me queda más, amadísimos, sino pediros finalmente que celebréis la
próxima y santísima novena congregados todos en uno, es decir, que os
unáis espiritualmente con todos vuestros hermanos, los que viven en
otros retiros; y que esta unión sea en verdadera fe, esperanza y
caridad. Los Santos Apóstoles celebraron esta novena
congregati in unum.
¡Oh dulce Congregación de caridad, que estrechas y unes los corazones
en un solo corazón en Jesucristo! ¡Oh suave caridad, rica en
obediencia, de humildad, de paciencia, de silencio, de mansedumbre y
de todo bien! Con esta unión de fe y de caridad invoquemos, oh
amadísimos, todos juntos al Espíritu Paráclito, Espíritu consolador,
para que venga a ocupar toda la casa interior de nuestra alma y toda
nuestra pobre Congregación. Imploremos del Padre de los pobres, de
este Dador de gracias, de esta Lumbre de los corazones, el favor del
verdadero espíritu de nuestro Instituto, que es el verdadero espíritu
apostólico, rico de toda virtud. Pidámosle que abra las venas de aguas
vivas de sus gracias, para que todos bebamos con abundancia, a fin de
que ardamos de amor, y abrasados de caridad, encendamos el fuego
divino en los corazones de nuestros pobres prójimos, por medio de la
predicación santa de las penas santísimas de nuestro Amor Crucificado.
¡Ay, amadísimos!, rogad, pedid al Altísimo que dilate nuestra pobre
Congregación, que la provea de hombres santos, para que, como
trompetas animadas por el soplo del Espíritu Santo, vayan a predicar
lo que ha hecho y sufrido por amor de los hombres Jesús; ya que la
mayor parte de ellos viven olvidados de todo completamente, cosa digna
de llorarse sin consuelo y causa de tantas iniquidades como abundan
por el mundo.
Por último, os suplicamos y conjuramos por las entrañas de la
misericordia de Dios que roguéis a Su Divina Majestad por este pobre e
indignísimo siervo y padre vuestro, considerándolo el más necesitado
de todos, para moveros a mayor compasión haciendo oración por el mismo
con mayor fervor, seguros de nuestra gratitud en todas nuestras
oraciones y sacrificios, en los que os damos palabra de que
incesantemente hacemos memoria de todos vosotros, a fin de que Su
Divina Majestad, que
coepit in vobis opus bonum, ipse perficiet,
como lo esperamos. Impartiéndoos nuestra bendición, imploramos del
Señor para vosotros todo bien.
|
 |
PABLO DE LA CRUZ,
Prepósito
2 de mayo de 1750.
|
.
|