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DESARROLLO HISTÓRICO DE LA INICIACIÓN CRISTIANA

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Introducción

La historia es “maestra de la vida” y siempre tiene muchas cosas que enseñarnos. Es componente esencial de la realidad y forma parte de nuestra identidad humana y cristiana … Somos historia y en buena medida somos lo que hemos recibido.. Para comprender la realidad de lo que somos y entender el presente, debemos aprender a mirar  la historia y abrirnos a la tradición en actitud discente.

Cuando hablamos de “Iniciación”, entendemos un concepto socio-religioso usado en muchas culturas y religiones, en el que se expresa el “paso” a una nueva etapa de la vida, o el inicio de una nueva vida, o la introducción en nuevas experiencias en las formas de vida comunitaria, en los misterios de la vida o de la religión… Todo ello se realiza siempre con unos determinados ritos o acciones simbólicas, que se conocen como “ritos de iniciación”.

El cristianismo tomó el concepto de iniciación posiblemente de las llamadas “religiones mistéricas”, muy extendidas en el mundo mediterráneo entre los siglos VI y IV antes de Cristo. Estas religiones tenían en común el mito de la muerte y el retorno a la vida de una divinidad popular, que era como la personificación de la naturaleza (Osiris en Egipto, el toro sagrado de Mitra en Irán, Dionisios y Baco en Grecia y Roma). En la celebración anual del mito participaban los “iniciados”, entrando así en un proceso de muerte y vida nueva; pues, si la naturaleza supera la muerte por medio de las fiestas rituales de la fecundación de la tierra, el hombre también podía superarla participando en esta celebración mistérica… Recordemos al respecto, que San Pablo usa con mucha frecuencia el término “misterio” para indicar precisamente el “plan salvífico de Dios”, oculto y escondido al hombre desde los siglos y manifestado plenamente en la persona de Cristo. Este misterio, manifestado en Cristo, se prolonga en la comunidad cristiana, la Iglesia, y se participa en él a través de los sacramentos.

Según esto, “iniciación cristiana” significa entrar en este misterio del “plan salvífico de Dios”, comenzar una nueva vida, muriendo al hombre viejo del pecado, rompiendo con un pasado de esclavitud, y participando en la nueva vida de la pascua; significaba entrar en la experiencia nueva de la comunidad cristiana, entrar en la comunión plena con Cristo y con los hermanos, vivir una nueva vida, una vida “en el Espíritu”, formando parte de una nueva familia (la Iglesia) y una nueva cultura (la cultura cristiana del amor).

I.- Etapas de la historia de la iniciación cristiana

Podemos distinguir tres grandes etapas en la historia cristiana, que también nos sirven para comprender la evolución histórica de la iniciación cristiana: 1) De la edad apostólica hasta la paz constantiniana; 2) Del siglo IV hasta el Concilio de Trento; 3) Desde Trento hasta el Vaticano II.

1.     Edad apostólica – Paz constantiniana (313)

En esta etapa no hay aún un reconocimiento oficial del cristianismo en la sociedad. El cristianismo es aún una religión de minorías; es la época de las persecuciones; es un cristianismo que participa aún de la “autenticidad” de los orígenes, aunque al final de la época comienza ya a extenderse por todo el imperio.

Esta primera etapa tiene una serie de características, que nos puede ayudar a entender lo que era la iniciación cristiana:

-         Una falta de especificación de las funciones y ritos sacramentales, pero por otra parte se da una intensa vida sacramental a través de la experiencia de salvación: 1) por la fe y 2) por el sacramento. Es decir, los primeros cristianos experimentan la salvación creyendo en Jesús y bautizándose  en su nombre, creyendo en Jesús y participando de su mesa en la Eucaristía, creyendo en Jesús y recibiendo su Espíritu para el perdón de los pecados y la nueva vida.

-         La espontaneidad y sobriedad de los ritos: Jesús en su predicación y en su vida había cuestionado los ritos vacíos separados de la vida o puestos por encima del hombre. Y en los escritos del NT encontramos escasas referencias rituales. La expresión del culto cristiano parte de una concepción nueva, en la que el verdadero culto a Dios es el que se le da “en espíritu y en verdad” (Jn 4, 23) y va unido a la misma vida. En todo culto religioso juegan un papel esencial  el espacio sagrado, el tiempo sagrado y la persona sagrada; a partir de Cristo, se da una nueva concepción y una referencia nueva al templo (espacio sagrado), al sábado (tiempo sagrado) y al sacerdocio (persona sagrada).

-         Exigencia de fe y compromiso, unida al sacramento, de tal forma que se puede hablar en esta época de una armonización o unidad de evangelización, fe, sacramento y compromiso de vida. Se da una coherencia en la vida sacramental y, por eso, el sacramento es fuente de compromiso ético(Cf. Hech 2, 42-47; 4, 32-35; 1Cor 11, 17-34).

* La vida sacramental, por otra parte, está centrada en esta época en la iniciación cristiana: Bautismo, eucaristía y penitencia:

1)      Bautismo:  A través del bautismo, se da una incorporación a Cristo y al cuerpo de Cristo, que es la Iglesia, para una vida nueva. Al principio el rito del bautismo era muy simple e incluía la fe, la enseñanza esencial y el bautismo en el nombre del Señor o en el nombre de la Trinidad, como podemos ver en Hechos, la Didajé y en San Justino… Pronto se unió al rito del bautismo la oración del Padrenuestro y la eucaristía… Se da un predominio del bautismo de adultos y pronto nace el catecumenado, como preparación al bautismo; era un tiempo más o menos largo, concebido como un camino, que incluía enseñanza, catequesis, cambio de costumbres y una serie de ritos (escrutinios, exorcismos, unción catecumenal, entrega del símbolo y el padrenuestro). El catecumenado lo encontramos en estado embrionario en el siglo II (San Justino) y plenamente desarrollado en el siglo III (“Tradición apostólica” de Hipólito). El proceso bautismal se llama también en esta época iluminación, “para dar a entender que son iluminados los que aprenden estas cosas” (San Justino).

2)      La Confirmación no aparece especificada en esta época como un sacramento distinto al bautismo, sino como rito unido al mismo bautismo a través de la imposición de manos y la unción con el óleo, que seguía al baño de purificación y que expresaba el don del Espíritu Santo, que el bautizado recibía en plenitud.

3)      Eucaristía: El proceso de iniciación culminaba con la participación eucarística, en la que el bautizado entraba ( se iniciaba) en la plena comunión con Cristo y también con el cuerpo de Cristo, que es la Iglesia, como expresaba la unidad de la celebración eucarística con la caridad, la fraternidad, el compartir el pan  o la limosna. ”A nadie es lícito participar en la eucaristía, si no cree que son verdaderas las cosas que enseñamos, haya sido lavado con el bautismo y viva de la manera que Cristo nos mandó” (San Justino)… Ya en esta época se da una evolución de un clima espontáneo-doméstico (“partían el pan por las casas”) hacia una progresiva ritualización y culto autónomo; la “acción de gracias” (eucaristía) prevalece sobre la “fracción del pan” o la “cena del Señor”; se pierde,  por lo tanto,  el carácter de banquete y se acentúan otros aspectos rituales como la acción de gracias, la ofrenda, el sacrificio etc.

2.     Siglo IV – Concilio de Trento (1545-1563)

En el siglo IV se da un cambio socio-religioso sustancial con el reconocimiento oficial del cristianismo (313) y el establecimiento del cristianismo como religión oficial del imperio a finales del siglo IV por medio del emperador Teodosio. Se da la “rutinización del carisma” (M. Weber); nace el “cristianismo sociológico”; se va perdiendo el sentido original en la iniciación cristiana de “comenzar una vida nueva y distinta”… Por otra parte, es también una época muy fecunda de evangelización y cristianización de los pueblos jóvenes; el cristianismo es capaz de abrirse y encarnarse en nuevas culturas… Con el tiempo, el cristianismo se identifica cada vez más con la sociedad y el poder político, hasta el establecimiento del sacro imperio romano-germánico con Carlomagno y el establecimiento de la “societas christiana” de la época medieval.

* Algunas características generales de la época serían:

-         Nace la especificación sacramental en cuanto al número de sacramentos (ss. XI y XII), la teología (H. De San Víctor escribe el primer tratado “De sacramentis christianae fidei”), la liturgia… Podemos decir que es una época en la que están más claras las ideas, pero hay menos coherencia en la vida cristiana.

-         Tendencia hacia la ritualización y burocratización: Los siglos V y VI son de gran creatividad litúrgica, especialmente en lo que se refiere a la eucaristía; también se da una influencia importante del derecho y del AT, en orden a consolidar el significado social y estructural de la vida cristiana; al tener mucho relieve estructural, pierde su compromiso personal.

-         Separación sacramento y fe, el rito y la vida, los fieles y la celebración: Al identificarse cristianismo y sociedad, Iglesia y estado, va perdiendo fuerza y sentido la evangelización, la iniciación cristiana como cambio de esquemas y concepción de vida; la vida cristiana deja de concebirse como misterio de nueva vida para convertirse en forma de vida social; no se da ya un proceso de “iniciación” sino de “socialización”.

-         Unificación de formas y fórmulas, como medios de cohesión socio-religiosa : el uso oficial y obligatorio del latín desde el siglo VI; la introducción de las vestiduras sagradas en la liturgia a partir de los siglos V y VI; la desaparición de los rituales locales e imposición de la liturgia de la Iglesia de Roma; la unificación de las normas jurídicas (“Decretum Gratiani”, 1142).

-         Individualización: Se va dando una pérdida progresiva del sentido comunitario y la participación en la liturgia y los sacramentos; se reducen los procesos de vida cristiana a una experiencia individual.

  • En cuanto a la práctica de los sacramentos de iniciación :

1)      Bautismo: A partir del siglo VI se va perdiendo el catecumenado como preparación para el bautismo y la vida cristiana. La cuaresma deja de ser un tiempo de preparación o renovación del bautismo y pasa a ser tiempo penitencial… Se generaliza el bautismo de niños, desvinculando así la experiencia de la conversión y la fe personal… Se siguen haciendo todos los ritos pre-bautismales de la Iglesia antigua, pero desvinculados de la experiencia en un proceso de vida… En el siglo IX encontramos ya el “rito continuo”, en el que se recogen los ritos catecumenales y bautismales; en esta época se añadieron los símbolos de la entrega de la vestidura blanca y el cirio encendido… A partir del siglo IX, el bautismo deja de estar vinculado a la pascua y se comienza a bautizar a los niños lo más pronto posible después del nacimiento. La celebración del bautismo pierde su dimensión pascual y la pascua cristiana su dimensión bautismal… En la época carolingia es cuando se crean las parroquias, se establecen los libros de los sacramentos, con lo que la iniciación cristiana pasa de ser una experiencia existencial-mística a quedar registrado en los libros parroquiales. Al generalizarse el bautismo en una sociedad cristiana, desaparece el sentido de “iniciación” en una vida nueva y se entra en una dinámica de simple “transmisión” de la fe; es decir, en algo que se recibe por tradición de generación en generación.

2)      Confirmación: A partir del siglo V, con el aumento de las comunidades cristianas en ambientes rurales, se separan el rito del “bautismo”, que pueden hacer los presbíteros y diáconos, de la “imposición de manos”, que queda reservada al obispo… En esta separación tiene su origen  la confirmación como sacramento distinto e independiente del bautismo. Con ello, en occidente se da también una separación de los sacramentos de iniciación y en oriente se mantuvo la unidad de los tres sacramentos… En la edad media la confirmación se concibe, ante todo, como el sacramento que nos fortalece para la lucha y defensa de la fe frente a los enemigos exteriores e interiores. Es también cuando se incluye la confirmación en el número septenario de los sacramentos y se fija un ritual autónomo del sacramento de la confirmación.

3)      Eucaristía: A partir del siglo IV se acentúa mucho la idea de la eucaristía como sacrificio y ofrenda. La celebración pasa de ser “misterio”, en el que uno se iniciaba y participaba, a ser “espectáculo”, al que uno asistía; desciende la participación; se admira y se venera el misterio, pero no se participa; un ejemplo o consecuencia de esto, fue la institución de la fiesta del “Corpus Christi” en 1264 por el papa Urbano IV… En la edad media, la comunidad se va alejando de la celebración, de tal manera que el Concilio Lateranense IV (1215) determinó la obligación para los bautizados de la asistencia dominical a la eucaristía y la participación, al menos una vez al año… Por otra parte, al mismo tiempo que disminuye el sentido comunitario y la participación, nace la “misa privada” y se multiplican las celebraciones de las mismas, entendiendo la eucaristía como “sacrificio de propiciación” más que misterio de comunión con Cristo y con los hermanos. De esta época son también las interpretaciones alegóricas y las supersticiones en torno a la eucaristía, así como la sustitución de la misma por otras devociones.

En toda esta larga etapa, va perdiendo vigencia y sentido la “iniciación cristiana”; ya no se cree necesaria la introducción en un proceso de vida nueva y distinta por medio de la fe, porque ésta se daba por supuesta en una sociedad cristiana.

3.     Concilio de Trento - Vaticano II

La edad moderna nace con el renacimiento y la época está marcada eclesialmente por la reforma protestante, iniciada por Lutero (1483-1546) y el movimiento contrareformista católico, iniciado con el Concilio de Trento. Previamente se da un decaimiento de la vida cristiana, un deterioro notable de la disciplina y una mundanización de la Iglesia, que estaba reclamando una reforma de toda la vida cristiana… Toda esta época se va desarrollando  en los siguientes pasos:

-         El cuestionamiento protestante, sobre la vida de la Iglesia en general y la vida sacramental en particular… Se cuestiona el número de sacramentos, su necesidad para la salvación, la eficacia de los mismos en relación a la gracia, el ministro y la forma de celebrarlos. Se quedan con el bautismo y la cena del Señor, pero rechazan cualquier eficacia o sentido salvífico al margen de la fe; también rechazan la doctrina del “ex opere operato” o valor objetivo del sacramento sin la fe del sujeto… El cuestionamiento protestante creó sin duda un clima de inseguridad en la Iglesia, pero ayudó también a tomar conciencia del verdadero sentido de los sacramentos y la vida cristiana.

-         Establecimiento de una doctrina fija por parte de Trento (1545-1563): Fue el primer concilio que hizo una reflexión amplia, estableció una doctrina clara y una disciplina unitaria sobre los sacramentos… Trento unificó los ritos (Rituales), la doctrina (Catecismo) y la disciplina (Seminarios).  San Pío V (1566-1572) publicó tres libros importantes, que plasman esta unificación: El Catecismo Romano (1566), el Breviario (1568) y el Misal Romano (1570).

1)      En cuanto al bautismo: Trento acentúa frente a los protestantes su necesidad para la salvación, así como la incorporación a la Iglesia por medio del mismo. A partir de Trento, se prescribe que el bautismo de los niños tenga lugar nada más nacer.

2)      Sobre la confirmación, Trento determina que es un sacramento distinto del bautismo, en contra de los reformadores. El Catecismo Romano dice que debe administrarse después del bautismo, pero no antes de que los niños hayan llegado al uso de razón; de hecho después de Trento, la edad de la confirmación fue entre los 7 y 12 años hasta San Pío X; a partir de San Pío X, al adelantar la edad de la comunión a los 7 años, también se adelantó la edad de la confirmación, que debía preceder a la comunión. De hecho, desde la época medieval la confirmación se convirtió en un sacramento sin relieve; durante siglos los obispos se olvidan de confirmar o lo hacen únicamente en la Iglesia-catedral, con lo que son excluidos las zonas rurales.

3)      En cuanto a la eucaristía, Trento respondió a los errores protestantes reafirmando la doctrina católica sobre la celebración, la presencia real (transubstanciación), el ministro, la eucaristía como sacrificio o la participación en el cáliz. También dio un decreto sobre “las cosas que hay que observar y evitar en la celebración de la eucaristía”. Con ello se corrigieron muchos abusos (multiplicación de misas, avaricia, supersticiones, irreverencia) y se introdujeron aspectos pastorales como la homilía dominical. Sin embargo, siguió dándose una separación de la celebración y el pueblo, una falta de participación en el misterio eucarístico, una gran veneración y falta de participación en el misterio.

-         Después de Trento, siguió un largo periodo de estabilidad litúrgico-pastoral. En 1558 el papa Sixto V creó la Sagrada Congregación de Ritos para velar por la unidad y pureza de los ritos en la Iglesia. Se vivió en la Iglesia en este tiempo un “espíritu contrareformista”, que insistió mucho en la cuantificación y el validismo en la práctica sacramental como afirmación de la identidad confesional católica frente a los protestantes; se da una separación del sacramento y la fe personal.

-         La renovación sacramental se da a partir del siglo XX, impulsada especialmente por el llamado Movimiento Litúrgico, que propuso una renovación de toda la vida cristiana a partir de la liturgia. Este Movimiento insistió en tres aspectos, que influyeron muy positivamente en la iniciación cristiana y en toda la vida sacramental: 1) La revitalización de la liturgia; 2) La recuperación de la comunidad; 3) La pastoral desde la misma liturgia, o unidad de liturgia y pastoral… También influyó positivamente en la renovación el magisterio de la Iglesia, especialmente S. Pío X y Pío XII.

-         Concilio Vaticano II: Es la culminación de un largo proceso de renovación de la vida sacramental; esto se plasmó especialmente en la Constitución “Sacrosanctum Concilium” (5 de diciembre de 1965) y la publicación de los nuevos Rituales (Eucaristía 1968, Bautismo 1970, Confirmación 1971)… El Vaticano II ha recuperado muchos aspectos que han ayudado sustancialmente a renovar la vida cristiana en general y la iniciación cristiana, entre los que podemos señalar: 1) La recuperación de la Escritura, o mejor, la unidad de la Palabra de Dios y el sacramento; 2) La participación  de los fieles a través del sentido celebrativo, el uso de las lenguas vernáculas, los procesos de preparación al sacramento, la distribución de funciones etc.; 3) Dimensión comunitaria, que “se ha de preferir siempre a las formas individuales” (SC, 27); 4) La “jerarquización de los misterios”, que ha llevado a una justa valoración de los sacramentos; 5) El pluralismo de formas, manteniendo la unidad: adaptación a los procesos de vida, adaptación igualmente a las diversas situaciones…

II.- Algunas lecciones de la evolución histórica

Si la historia es siempre “maestra de la vida” y para el cristiano debe convertirse en “historia de salvación”, podemos preguntarnos qué lecciones podemos sacar esta evolución histórica para la iniciación cristiana… Entre otras, podríamos señalar las siguientes:

1)      La fidelidad del sacramento al significado y al destinatario: Puesto que siempre se da el peligro de volverse inexpresivos e incoherentes, los sacramentos deberán ser fieles al significado (Dios, la salvación, la gracia…) y al destinatario (el hombre situado social y culturalmente con sus necesidades y preguntas)… En la historia se puede constatar unas veces un olvido de Dios y de su salvación (humanismo, materialismo) y otras un olvido del hombre y sus necesidades (espiritualismo)… Los sacramentos deben ser signos expresivos de la salvación liberadora… De ahí la necesidad de armonizar la raíz antropológica y teológica de los sacramentos, así como destacar la relación del sacramento con la experiencia.

2)      Unidad de las tres funciones eclesiales: evangelización, sacramento y catequesis, contenida en la misión recibida del Señor (Cf. Mt 28, 19-20)… En la historia se ha dado frecuentemente un desequilibrio, olvido o separación de estas funciones. Por eso es necesario un “equilibrio dinámico” de las mismas: el sacramento tiene un “antes”, un “ahora” y un “después” (momento antecedente, realizante y consecuente): Evangelización y catequesis (antecedente), celebración (realizante) y vida (consecuente).

3)      Unidad o relación de la sacramentalidad de la Iglesia y los siente sacramentos, puesto que toda la Iglesia es sacramental… En la historia se ve con frecuencia un empobrecimiento de la realidad sacramental, una especie de ruptura entre los siete sacramentos y la sacramentalidad general de toda la Iglesia. De ahí la necesidad de buscar una unidad dinámica de la sacramentalidad “hacia dentro” (liturgia) y la sacramentalidad “hacia fuera” (la vida, el testimonio). Toda la Iglesia debe ser signo sacramental de salvación para la humanidad; la Iglesia que celebra los sacramentos, debe ser “sacramental” en toda su existencia.

4)      Los sacramentos, encuentro personal con Xto resucitado y experiencia de nueva vida: En la historia de los sacramentos podemos descubrir una cierta despersonalización y un marcado ritualismo mágico a partir del “ex opere operato”. De ahí la necesidad de descubrir el sacramento como experiencia de encuentro personal con Cristo, que transforma toda nuestra vida y le da un sentido nuevo y distinto.

5)      Necesidad de participación de toda la comunidad: En la historia podemos encontrar mucha pasividad, consumismo, separación y un marcado clericalismo en la vida sacramental. De ahí la necesidad de descubrir de nuevo la participación de la comunidad, que debe entenderse como “comunidad celebrante” en cada uno de los sacramentos; una participación que tiene que ser en el culto y en la vida, en la celebración y en el testimonio.

6)      Armonía entre sacramento y vida: En la historia y en el presente es muy frecuente esta separación, cayendo en un espiritualismo o en un materialismo sacro. Por eso es necesario descubrir y vivir esta relación dinámica entre el sacramento y la vida, pues la vida es el substrato del sacramento y el fin del mismo; vida y sacramento están llamados a enriquecerse mutuamente. El sacramento parte de la vida y debe conducir a la vida… Se trata de celebrar lo que vivimos y vivir los que celebramos.

7)      Actualizar la historia de la salvación en la celebración de los sacramentos: En la historia podemos encontrarnos frecuentemente con una especie de “momificación cultual”, en la que el culto y la liturgia son más un “recuerdo” que un “memorial”… Celebrar el sacramento como memorial de la salvación, significa celebrar la salvación y la vida que Dios sigue dando y realizando hoy, como lo realizó en tiempos pasados y como lo realizará de forma definitiva en el reino escatológico… En el sacramento se actualiza o realiza la historia de la salvación en cada hombre y para cada hombre en su situación concreta,

8)      Autonomía de lo religioso y lo político: En la historia encontramos con mucha frecuencia una identidad confusa entre la religión y el estado, el cristianismo y la sociedad, el sacramento y la identidad nacional. Por eso hay que aprender la lección de una sana autonomía; autonomía que es siempre “relativa”, no absoluta.

Laurentino Novoa Pascual CP.