MÍSTICA Y MISIÓN.
Queridos
hermanos:
Deseo contribuir con estas palabras para
ambientarnos más vivamente en la fiesta de nuestro Santo Padre. Su
persona y carisma sigue siendo manantial inspiracional en la
renovación de nuestra vida religiosa pasionista.
Me
consta que en alguna comunidad están preparando con esmero esta
celebración. Donde tenemos ministerios pastorales, deberíamos poner el
máximo interés por acercar la vida y espíritu de Pablo de la Cruz, a
lo más íntimo del pueblo de Dios. No sólo tiene atractivo, sino que
cautiva por su prodigiosa actualidad y novedad.
Junto a
las recientes profesiones temporales de los novicios, y la próxima de
José Daniel el día 26, hoy, en la fiesta del fundador, cuatro hermanos
nuestros en el teologado “San Pablo de la Cruz”, de El Salvador,
Benjamín, Omar, Julio y Juan de Dios, hacen su consagración perpetua.
La ternura misericordiosa de Dios, la gracia de su Espíritu, nos
concede este don inmerecido de nuevos compañeros. “El momento es
apremiante... Daos cuenta del momento que vivís.” Solicito el fervor y
oración más intensa de todos, para que estos primeros brotes
pasionistas en esos pueblos hermanos, nos hagan conscientes de la
responsabilidad histórica que tenemos en la fe y autenticidad por
nuestra parte, si queremos que la Congregación enraíce su espíritu en
esas culturas. Entre todos hemos de colaborar para que esas primeras
piedras fundamenten y consoliden nuestra vocación pasionista, de lo
contrario, el edificio pronto se demolerá. No es el número lo que ha
de preocuparnos, sino la autenticidad de nuestra vida, para que al
igual que esos inicios en Monte Argentario, estos hombres “pisen
fuerte en el camino de la santidad”, como Pablo exclamaba emocionado
al contemplar la vida de aquel grupo incipiente de ocho hermanos.
Nuestra complicidad y responsabilidad es decisiva en este momento, no
para tener vocaciones, sino para ser y engendrar pasionistas místicos
y misioneros de la Pasión de Cristo. “Ya es hora de espabilarse”. No
podemos bostezar en la indiferencia o lamento cuando es el soplo de
Dios quien convoca y levanta a nuevas almas. Las maravillas de Dios
en nosotros no están clausuradas aún, basta que creamos
apasionadamente.
Y otro
aspecto que quiero compartir con vosotros es la necesidad que
albergamos de impregnarnos de esa mística de la Pasión. Es elemental
para ese proyecto apostólico al que me refería en mi reciente carta.
Sin mística no podemos ser testigos de la misión y sin misión la
mística se reduce a espiritualismo alienante. ¡Qué sublime y
admirablemente ensambló en su vida Pablo de la Cruz este ideal, desde
la Pasión de Cristo! El hambre de Dios en la sociedad actual no es
menos alarmante que el hambre de pan. La mística y la pobreza, por
decirlo en dos palabras, son los dos vectores que proyectan la acción
apostólica de Pablo de manera convincente. Y creo son dos signos de
los tiempos para expresar también nuestra vida religiosa hoy. Dejarnos
transfigurar por esta mística del Crucificado es requerimiento previo
y permanente para ser signos de Dios y su Reino en un mundo desnutrido
de Dios y famélico de pan.
Hermanos, no en vano el XXX Capítulo Provincial nos ha propuesto a
cada comunidad “un tiempo para el estudio y profundización de las
Constituciones” y que la meditación o parte de ella “se haga
comunitariamente”. De la misma forma que las Constituciones nos
solicitan que seamos “verdaderas escuelas de oración y fraternidad”. (Cons.80.)
Os comparto una inquietud que me golpea el corazón y a la que creo no
le estamos dando salida, ni diálogo ni creatividad en nuestras
comunidades. Nos permitimos la torpe facilidad de la inercia y hemos
de alentar fórmulas que manifiesten y desarrollen este potencial
espiritual en nuestras comunidades. ¿Qué vamos a hacer ya entre
nosotros,(poco, pero algo) para iniciarnos en una verdadera escuela de
oración? ¿Cómo, nuestra comunidad, se proporciona un crecimiento
compartido de esa espiritualidad? Seguro que la vida interior es
esencial para todos. Pues ¿cómo no vamos a buscar en cada comunidad
estilos, momentos significativos, los cambios necesarios para
encontrar espacios y formas que mimen y estimulen esa vida interior
unidos? Si logramos entre nosotros hacer escuela, veréis qué pronto se
nos suscribe o adhiere algún laico y lograremos vivir e irradiar esa
pedagogía mística del Crucificado. Si esto lo hacía San Pablo con los
laicos, ya entonces, en las misiones; con mayor empeño nosotros hoy
estamos urgidos y podemos además si nos lo proponemos en comunidad,
conseguir ese estímulo interior que tantos beneficios nos reportará.
Creo que
ha salido ya un librito, pero muy sustancioso, que recomiendo, no sólo
leer, sino reposar, cuyo título en francés es “15 días de oración con
San Pablo de la Cruz”. Del pasionista Philippe Plet. Su traducción al
castellano hemos de agradecérsela a nuestro hermano Pablo García.
Para los laicos como para nosotros, creo es una bella y atractiva
aportación. Puede ayudarnos.
Recibid
la felicitación de la Curia Provincial los que vais a profesar este
día, como toda la familia pasionista. Que San Pablo de la Cruz nos
espabile en ese espíritu místico y misionero. Un abrazo de corazón,
también de mis consultores.
Fernando Rabanal, cp
prep.prov.
Zaragoza 12
de octubre de 2007.
Fiesta de
la Virgen del Pilar. |