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“La alegría de la resurrección de
Cristo implica
necesariamente la aceptación del puesto central
que el
misterio de la Cruz tiene en su vida.”(Cons. 64.)
“No podemos arrogarnos
el derecho de anunciar a otros la palabra de la
Cruz si ésta no se ha encarnado antes en nuestra propia vida.” (Cons.9.)
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