|
“Conservemos
bajo las cenizas de la humildad y de
la gratitud la gracia de la vocación.” (San Pablo de la Cruz.)
Queridos
hermanos de la Comunidad Provincial:
Concluido
el XXX Capítulo Provincial, en este año jubilar del Centenario, quisiéramos
dar gracias a Dios por la presencia de su Espíritu entre nosotros,
que nos impulsa con nuevo vigor en
el seguimiento y anuncio de su Hijo Crucificado. Agradecimiento extensivo
a todos los hermanos por esa gran confianza depositada en nosotros que en
nuestra pequeñez nos sorprende y motiva a implicarnos con mayor celo en
la revitalización integral de nuestra vida y comunidades.
Por toda la información recibida habréis podido detectar el
momento de gracia singular que ha supuesto la experiencia capitular.
Nuestra Provincia en su Centenario se siente renacer por la fuerza del Espíritu.
Inmersos, por su acción, en este proceso congregacional de
reestrucuturación, buscamos responder a su voluntad en este momento de la
historia. Una voluntad que nos habla de vida, comunión y esperanza para
afrontar la misión desde nuestro carisma.
Todas las decisiones emanadas del Capítulo, como el mismo
Proyecto, están fraguadas y
proyectadas a revitalizar nuestra vida entera. Desde esta perspectiva señalamos
algunos retazos significativos que han orientado el Capítulo:
a)
Un verdadero y adecuado ambiente de discernimiento que ha conducido
toda la metodología y decisiones. La interiorización, el diálogo y la
Palabra de Dios han orientado nuestra actividad diariamente. Con humildad
creemos que ha sido el “paso” del Señor por nuestras vidas quien ha
conducido nuestra marcha.
b)
La apuesta decidida por una pastoral vocacional y formativa que
atraiga la atención de todos en estos ocho años. Es un empeño que
precede al mismo capítulo y que nos lanza más allá del cuatrienio, para
ser conscientes de la decisiva importancia que tiene para nosotros este
objetivo y al que hemos de dedicarnos todos, sin exclusión,
en este periodo si nos tomamos en serio nuestra vida, presencia y
misión.
c)
La implicación en el proceso congregacional de reestrucuturación.
Sería un error antievangélico el creer, desde un análisis crítico, que
se trata de una voluntad de poder y de control. Albergar el más mínimo
resquicio en este sentido significaría
simplemente que uno no es apto para esta vida religiosa y que se ha
equivocado de lugar en la vida. La mera intención de poder o dominio
bastaría para estar de sobra en la vida religiosa pasionista. Todos los
espacios de nuestra vida son compartidos. El P. General en su discurso de
apertura como en la bellísima homilía final, sitúa adecuadamente cómo
hemos de entender y de qué se trata con el cese de la estructura
vicarial. Os invitamos a leerlas. Necesitamos unificar personal, recursos,
medios con lo más destacado que puede aportar cada zona, sin que nada se
desperdicie y pierda, para afrontar unidos los grandes desafíos que hemos
de asumir. De otra manera seríamos incapaces. Lo iniciado en la formación
puede ser indicativo y alentador para realizarlo también en otros campos
de nuestra vida y misión. Comprendemos que algunos hermanos puedan
sentirse más afectados y dolidos por este cambio estructural. Pero el
sufrimiento es el camino de la transformación. Sin sufrimiento no se
transforma ni reestructura nada.
d)
El impulso de nuestra vida espiritual y capacidad de silencio.
Ciertamente toda reestructuración ha de iniciarse por el corazón y desde
nuestras comunidades. Nuestro carisma en este sentido posee una gran
fuerza transformadora que no podemos apartar. El P. General nos indicaba
con acierto que “La misma meditación silenciosa de la Pasión de Jesús
de toda la comunidad pasionista reunida en el coro será una secreta y
misteriosa comunión de amor que nos ilumina.” Necesitamos recuperar
este espacio en nuestras comunidades ya.
e)
Y otra constante de nuestro Capítulo ha sido
la participación y necesidad de trabajar la Familia Pasionista en
nuestras presencias y pastoral. Es una tarea apremiante que no podemos
descuidar. La vocación pasionista laical y su fuerza misionera y
evangelizadora. Es un atractivo de nuestro carisma que reclama la máxima
atención de nuestra parte en esta hora de la Iglesia misionera.
Hermanos,
os reitero las mismas palabras que os decía en la Carta convocatoria del
XXX Capítulo Provincial, para que recibáis todos el trabajo capitular
y su Proyecto “con
el mismo espíritu que animaba la carta dirigida por el concilio de
Jerusalén a los cristianos de Antioquia, y tengo la esperanza de que se
repita también hoy la misma experiencia vivida entonces: “La leyeron y
se gozaron al recibir aquel aliento.”(He.15,31.) (VC. 13)
Es el mismo sentir de nuestro Santo Padre, Pablo de la Cruz, quien
concluido el primer Capítulo General de la Congregación, estimula a los
religiosos cómo deben asumir sus resultados: “confío en que cada uno
de ustedes los reciba y abrace como medios puestos por Dios para la feliz
consecución de nuestra perfección y de nuestro fin.”
Nosotros, como nueva Curia
Provincial, os manifestamos nuestro entusiasmo y esperanza porque nos
consta la valía, fe y disponibilidad de los hermanos, así como las ganas
de responder en plenitud en la vivencia de nuestra vocación pasionista y
ello nos motiva a serviros con verdadera alegría y esperanza. Con
palabras del apóstol reafirmamos,
hermanos, que “hemos recibido de vosotros un gran consuelo, motivado por
vuestra fe,... Y ¿cómo podremos agradecer a Dios por vosotros, por todo
el gozo que, por causa vuestra, experimentamos ante nuestro Dios?” ( 1
Ts.3,7-9.)
A todos os animamos a llevar adelante este Proyecto Capitular con
esperanza y espíritu de comunión. Nos veremos en la próxima Asamblea en
Daimiel el 6 y 7 de septiembre en la zona central y en las demás para
noviembre y diciembre en sus respectivas Asambleas.. Rogad por el eterno
descanso del P. Buenaventura y tened presentes a nuestros enfermos. Pedid
por la perseverancia de los cuatro novicios que profesan el día 5 de
agosto, Melquíades, Ariel, Santiago y Lenin. Y por el cohermano Gerardo
que será ordenado sacerdote el 27 de agosto en la catedral de Cienfuegos,
(Cuba). Y os despedimos poniéndonos a vuestra entera disposición con las
palabras alentadoras de nuestro Santo Padre, San Pablo de la Cruz, quien
nos estimula diciéndonos que “ahora es el tiempo de mostrarse fieles a
Dios... La Congregación de la Pasión tiene que caminar así, y sus hijos
tienen que ser hombres de fortaleza... en estos tiempos tan peligrosos,
cuando se necesita gente bien armada de fe... pues sólo ella produce
frutos maravillosos de vida eterna.” (San Pablo de la Cruz. Carta al P.
Fulgencio).
Con el afecto y oración de vuestros hermanos.
Fernando Rabanal, cp
Jesús Mª Gastón
Laurentino
Novoa
prep..prov.
primer consultor.
consultor.

Zaragoza,
a 1 de agosto de 2005.
San
Afonso Mª Ligorio.
Año
Jubilar del Centenario.

|