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Beato Eugenio Bossilkov

bosilkov_marcoEugenio Bossilkov es un mártir moderno. De seguro era un de aquella fila que seguía al Señor en vestiduras blancas como se dice en el tercer secreto de Fátima. Es víctima de la persecución de la Iglesia Búlgara bajo el régimen comunista. En la imaginación de los que hemos tenido la fortuna de encontrarnos en el bloque occidental, el comunismo es solo un sistema económico político que proclama la lucha de clases y se opone al libre mercado. El comunismo real por el contrario ha sido y es un feroz perseguidor de la Iglesia de Dios. Actualmente en la Europa libre se limita a sostener ideas contrarias a la moral cristiana.

Eugenio nació el 16 de noviembre de 1900 en Belén de Bulgaria, de una familia de campesinos. De niño corrió el peligro de ahogarse en el Danubio, jugando en sus orillas. Su madre Beatriz en oración lo había prometido al Señor en caso de que se hubiese salvado. A los 13 años ella misma lo acompaña al seminario pasionista de Oresch. Los pasionistas había llegado a Bulgaria en 1781, bajo la dominación Turca; para los pocos católicos presentes la vida era muy difícil; las cosas serán mejores después de 1878, año de la independencia de la dominación Turca. Pero por un extraño juego de la historia la libertad religiosa se suspende de nuevo en Bulgaria en 1944, por obra del partido comunista búlgaro sostenido de la ex Unión Soviética. En aquellos años mueren más de 138.000 ciudadanos búlgaros; los católicos son perseguidos, los pasionistas extranjeros expulsados, los pocos pasionistas búlgaros obligados a vivir como en el tiempo de las catacumbas.

Eugenio estudia en su patria, en Bélgica y en Holanda. En 1920 emite la profesión religiosa y en 1926 es ordenado sacerdote. En el Pontificio Instituto Oriental de Roma consigue el doctorado en teología.

Un joven vivaz, alegre e inteligente. Tornado a su patria, el obispo pasionista de Nicopolis, Mons. Telen, lo llama como su secretario y lo nombra párroco de la catedral de Russe. Después se le confía la parroquia de Bardarski-Gheran.

Es un hombre de grande cultura, conoce 13 idiomas, sabe hablar con los doctos y con los sencillos; está abierto al diálogo con los ortodoxos, es respetado y amado por todos. Su casa está abierta a todos; durante la ocupación alemana salva la vida de miles de hebreos. Lo llaman el Doctor Bossilkov por su doctrina. Es famosos en toda Bulgaria. Posee una particular fascinación por los jóvenes y ama vivir en medio de ellos. Es también un hombre de oración. “Me levanto cada mañana a las 4:30, escribe; estoy en oración hasta las 7:30”. Es muy devoto de la Virgen y exclama: “Con la Virgen se puede todo”.

En 1946 muere Mons. Telen y lo sucede nuestro propio Eugenio, que es consagrado el 7 de octubre en la catedral de Russe. Pero en Bulgaria existe ya la persecución. En 1948 Mons. Bossilkov obtiene el permiso para ir a Roma donde es recibido por el Papa Pío XII con el cual mantiene un largo y afectuoso coloquio. El primero de octubre regresa a Bulgaria. Era Consciente de lo que le esperaba en su patria. No faltaron los consejos que le decían que no regresara. Ya habían algunas señales de lo que sucedía en las provincias “rojas”. Él respondía: “Yo soy el pastor de mi rebaño. No puedo abandonarlo”.

La vigilia de su partida saludando a la comunidad pasionista se encomendó a las oraciones de todos. Lo vieron orar también delante de la imagen de la Virgen en la Basílica de Santa María Mayor y a un cohermano le había confiado: “He pedido la gracia del martirio”.

Retoma animosamente a su trabajo y afirma: “No tengamos miedo. Por lo que a mí se refiere no vacilo ni un momento y me preparo a lo peor”. El mal utiliza siempre la misma técnica, aquella usada con Jesús. Primero trata de corromperte con halagos y promesas seductoras y si no te hace caer, o te descalifica o te elimina. El régimen busca arrancar la Iglesia católica de Roma y crear una Iglesia nacional. Mons. Bossilkov es un símbolo, si él cede será un buen golpe. Le ofrecen muchos privilegios, si acepta ser el jefe de una Iglesia nacional. Él no acepta y es fácil entender como terminan las cosas. Era consciente. El 16 de julio de 1952 es arrestado con la acusación de espía del Vaticano y de conjura contra el estado. En la prisión vive una vida horrible de vejaciones, de privaciones y de problemas. El 29 de septiembre se abre el falso proceso que se termina con la condena a muerte por fusilamiento, pero sin ninguna prueba. Después de la condena se permite a los familiares verlo fugazmente. Está irreconocible con pesadas cadenas en las manos, en los pies y en el cuello. Le dicen que quieren introducir la petición de gracia. Pero él responde: “¡No, el Señor me ha dado la gracia del martirio. Digan a todos que me mantengo fiel a la Iglesia, y al Papa y que no he traicionado!”. La sentencia se cumple en secreto el 11 de noviembre de 1952, pero será hecha pública hasta 25 años después. Ha sido declarado beato por Juan Pablo II el 15 de marzo de 1998.

En Bulgaria, de nuevo libre, han regresado los misioneros pasionistas. En la cárcel de Sofía, lugar del martirio, una lápida recuerda el heroísmo del mártir pasionista. Se cumplieron su palabras: “Las señales de nuestra sangre serán garantía de un espléndido futuro para la Iglesia en Bulgaria”

Francesco Valori

San Gabriel De la Dolorosa: Vida

SanGabrielRoma PATRONO DE LA JUVENTUD.
VIDA EJEMPLAR

Las existencias de Pío Campidelli y de Checchino (sobrenombre: “francotirador”) Possenti entran en un concepto de vida breve.  La de Gigino ha sido más lineal, casi en un crescendo, mientras que la Checchino podemos subdividirla en dos periodos: el primero, hasta los 18 años, se puede decir normal; el segundo, una carrera hacia la santidad.

Francisco Possenti nació en Asis (PG) el 1º de marzo de 1838, undécimo de trece hijos. El padre Santos es gobernador pontificio, la mamá Inés Frisciotti es una mujer noble de Civitanova Marche que, desgraciadamente, muere a los 42 años dejando a Francisco todavía niño. La familia se ve obligada a numerosos traslados a causa del trabajo del padre con desarraigos que ciertamente causan molestias.

En 1841 Santos es nombrado asesor de Espoleto. La familia es de un estrato social elevado y temerosa de Dios. cada tarde se recita el rosario. No faltan sufrimientos. De los trece hijos quedan solo ocho. Pero esto no es suficiente para debilitar el índole vivaz y alegre de Francisco. A los trece años inicia los estudios del liceo entre los Jesuitas. Es un estudiante brillante; es bueno en todo, pero principalmente en las materias literarias. Consigue premios y reconocimientos. Viste elegantemente, es desenvuelto y bromista. Hace caricaturas de sus compañeros de estudio.

Ama las fiestas y el baile, pero mantiene su bondad. Para obtener la gracia de curarse de una grave infección de garganta, hace la promesa de encerrarse en un convento e hizo algún intento. Pero la atracción a la vida religiosa es olvidada y las fascinaciones del mundo hacen que aquella se desvíe. Ni siquiera papá Santos estaba muy contento pues su hijo llevaba una vida aparentemente ejemplar que unía amablemente el mundo y Dios.

Pero no es así. Quien no recoge conmigo, desperdicia, dice el Señor, y los talentos no se pueden enterrar bajo tierra. Cuántas veces se le oye decir: “No tengo necesidad de ir a la Iglesia, o de participar en ningún grupo. No hago mal a nadie, hago conscientemente mi trabajo”. Pero no existe santidad sin proyecto, fruto de una decisión. Francisco toma la decisión el 22 de agosto de 1856, cuando la imagen de la Virgen portada en una procesión le dijo: “Cecchino ¿qué estás haciendo en el mundo? La vida religiosa te espera”.

La Virgen, a cuya devoción había sido educado en la familia, lo acompañará siempre. Se llamará Gabriel de la Dolorosa, en honor de Maria. Ella será el secreto de su veloz camino espiritual en solo seis años, lo que hará decir a su compañero de noviciado, el Beato Bernardo Silvestrelli: “Este muchacho nos ha adelantado el paso”. Es un axioma de la mariología Montfortiana: “María es el camino más breve para llegar a Jesús”.

San Gabriel es conocido precisamente por su amor extraordinario a María Dolorosa, “su Paraíso”. El apellido elegido al tomar el hábito religioso se convierte en un programa de vida. Gabriel ha aprendido a contemplar la pasión de Jesús en el corazón doloroso de María y a contemplar los dolores de María en el corazón traspasado de Cristo. Como había hecho el voto de amar y hacer amar a Jesús crucificado, así hace el voto de amar y hacer amar a María Dolorosa. El amor de Gabriel a María Dolorosa fue un amor concreto. Había prometido, por amor de María, no decir nunca un no cuando le pidieran algo. En la pruebas y tentaciones se repetía a sí mismo: “¿no querrás vencerte por amor de María?” Era el arma que le hacía superar todas las dificultades.

A todo esto Gabriel añade una intensa vida de oración y una lucha encarnizada contra toda forma de pecado. Se cuenta seguido el episodio en el que Gabriel busca con ansia a su director, el Ven. P. Norberto Cassinelli y le suplica que le diga si ve en él alguna clase de pecado, porque dice “lo quiero arrancar de mi a cualquier costo” y acompaña con un fuerte gesto de la mano su intención .

Su camino hacia la santidad no le da pesar;  está siempre sereno y alegre. Desde Morrovalle escribía a su padre: “Mi vida es un continuo gozar. La alegría que siento dentro de esta casa es casi indescribible”. Sin embargo su vida fue una continua prueba: pero cuando hay amor, también la cruz se vuelve alegría.

¿Dónde está el secreto de su santidad?, ¿Qué cosa ha hecho de extraordinario?, se preguntaban sus co-hermanos, de frente a tantos milagros. Decía su santo director: “Gabriel ha trabajado con el corazón”. Ha dicho siempre si a Dios, es el santo de lo cotidiano, el santo de las pequeñas cosas.

Acepta serenamente su enfermedad, la tuberculosis, que acabará con él a los 24 años. Muere en un éxtasis de paraíso, orando: “Madre mía, llévame pronto”. Es el 27 de febrero de 1862 al amanecer, confortado de la visión de la Virgen que tanto había amado. El resto es historia actual, de todos conocida.

 

Francisco Valori

P. Teodoro Foley

FoleyDaniel Foley nació en Springfield, Massachucetts, EE. UU., el 3 de marzo de 1913. Su ciudad natal reproducía el ambiente en el que creció: floreciente, rica, con elegantes edificios públicos y privados, con espaciosos parques, poblada por unos 100.000 habitantes; en ella se habían levantado 500 fábricas e industrias, 30 iglesias y 13 institutos bancarios y de seguros; además  disponía de un excelente sistema educativo con 30 escuelas y de servicios informativos con  tres diarios.

 

Su padre, Miguel Foley, que había nacido en el condado de Cork, Irlanda, montó una pequeña empresa de producción de papel. Se casó con Ellen Bible, mujer de carácter amable, muy dada a la lectura, que, aunque nacida ya en los EE. UU., era hija de emigrantes también irlandeses. Los dos esposos estaban comprometidos con actividades religiosas, sociales y culturales en su parroquia, y reflejaban el estado de una emigración masiva de Europa al final del siglo XIX y principios del XX: si al llegar se encontraron con hostilidad y prejuicios anticatólicos,  poco a poco se fue abriendo camino la toleranza en la sociedad americana , que necesitaba mano de obra.

 

“Casa Foley”, abierta en la Avenida Brooklyn, mantenía lazos religiosos y familiares con el distrito NorthEnd de Spingfield, de mayoría irlandesa, en donde sobresalía la imponente iglesia del Sagrado Corazón y la escuela parroquial.

 

El pequeño Daniel, y después su hermana María, frecuentaron la escuela católica del S. Corazón; en la parroquia hizo de monaguillo y comenzó a sentir el primer aire vocacional.

Al llegar a los 14 años y medio se pasó a la escuela de la Santa Cruz, de Dunkirk, en el estado de Nueva York.

 

En este período, en el colegio-seminario de los pasionistas, la educación en la fe y la sensibilidad por las cosas de Dios evolucionaron hacia la vocación sacerdotal; más tarde se dirigió hacia la vida religiosa después leer “La Vida de San Gabriel” y de  encontrarse con los pasionistas en el nuevo convento abierto en su ciudad natal.

Los cinco años de estudios en el centro de la Santa Cruz consolidaron su vocación, de manera que al final de los mismos, como una cosa que cae por su propio peso, pidió la admisión en el noviciado; y después las etapas se encadenaron  ordenadamente. Recibió el hábito religioso el 14 de agosto de 1932 y profesó el 15 de agosto del año siguiente con el nombre de Teodoro de María Inmaculada.

 

Entre 1933 y 1944(¿) estudió Filosofía, Teología y otras materias de preparación para el sacerdocio. En aquellos tiempos los centros de estudio no eran fijos, y los estudiantes cambiaban de retiro  cada dos años. Teodoro formaba parte de un curso de 14  compañeros.

 

Recibido el sacerdocio el 23 de abril de 1940 en Baltimore, estado de Maryland, prosiguió los estudios con los compañeros de curso, y se inscribió para un año de lo que se llamaba Sagrada Elocuencia, cuya finalidad era la preparación inmediata al apostolado de la Palabra.

 

De 1941 a 1942 fue sustituto del profesor de Filosofía, y enseñó Lógica y Cosmología.

Entre 1942 y 1945 asistió al curso de posgraduado en la Universidad Católica de Washington, donde recibió diploma universitario y se doctoró en Eclesiología con la tesis “La naturaleza de la Iglesia en los teólogos postridentinos”.

 

Entre 1945 y 1953 fue profesor de Teología Fundamental;  en los tiempos libres, sobre todo por la noche, impartía clases a los neconversos. Ocasionalmente predicño en novenas, en el  ejercicio de las XL Horas o en retiros espirituales, pero no intervino  nunca en las propiamente llamadas misiones pasionistas.

 

De 1953 a 1956 le fue confiada la dirección de los estudiantes. En este último año los superiores lo nombraron rector de la comunidad de San Pablo, en Pittsburg, muy numerosa y ocupada en un apostolado muy dinámico. El P. Teodoro no había pensado nunca en ser superior, cargo que le cogió de sorpresa. Como persona de carácter templado, ejerció el oficio de superior guiándose por el principio siguiente: “...Hay que ejercer la autoridad a la luz de Cristo, es decir, como servicio y como apostolado de amor; (los superiores) deben guiar a sus subordinados de manera democrática, ahorrándose inútiles  exclusivas y dejando todo el espacio posible a la iniciativa particular y a la libertad de juicio a aquellos que tienen tareas particulares”.

 

Este criterio, que pudo aplicar poco tiempo  en Pittsburg, lo aplicaría largamente en Roma.

El capítulo general de 1958 lo eligió consultor general y asistente del general P. Malcolm Lavelle para las provincias de la congregación de lengua inglesa: Inglaterra, Irlanda, Australia y las dos de los EE. UU. Durante este período de permanencia en la casa general de los Ss. Juan y Pablo, además de colaborar con el general en la expansión al extranjero, desempeó la tarea de director de los universitarios, con los que gozaba en las visitas a la Ciudad Eterna; aprovechó también la oportunidad para profundizar en la espiritualidad pasionista, y para convivir con todos de manera sencilla y amable. El año de 1958, el de su llegada a Roma, marcó una fuerte línea divisoria en la historia de la Iglesia: el 8 de octubre murió Pío XII, y pocos días más tarde ocupaba la cátedra de San Pedro Mons. Angel Roncalli, Juan XXIII, quien a los tres meses había convocado ya el Concilio Vaticano II. Durante su celebración, la comunidad general de los Ss. Juan y Pablo acogió a numerosos obispos y teólogos que participaban en el concilio; en ocasiones se producían debates doctrinales o intercambios informativos. El P. Teodoro, enamorado de la Iglesia, era feliz de asistir a aquella etapa, si bien le supuso mayor trabajo: como el  P. Malcolm tomaba parte en las sesiones conciliares, al P. Teodoro le recayó mayor trabajo a nivel internacional; todo lo cual, sin embargo, enriqueció su experiencia de gobierno.

 

En 1964 se celebró un nuevo capítulo general,  y los capitulares juzgaron que era quien reunía mayor cúmulo de  cualidades y mejor preparación, por lo que el 7 de mayo fue elegido superior general para un mandato de 12 años, aunque sometido a la confirmación en el siguiente capítulo general.

Ya como superior general, participó en el Vaticano II en las sesiones tercera y cuarta de 1964 y 1965, experiencia que le ayudó para aplicar en el gobierno de la congregación el  estilo que había advertido en Juan XXIII y en Pablo VI. Del primero aplicó el criterio “verlo todo, dismimular la mayor parte, corregir algunas cosas”(omnia videre, multa dissimulare, pauca corrigere); y del segundo, el diálogo abierto y el respeto a las diversas opiniones.

 

Clausurado el Vaticano II, al P. Teodoro le cayó la ardua tarea de aplicar en la congregación los documentos  conciliares. Convocó un Capítulo General Especial de 1968 a 1970 para  actualizar la Regla de los Pasionistas; y durante los capítulo provinciales que se fueron sucediendo en este período tuvo que ser el guía y moderador del difícil proceso de puesta al día (“aggiornamento”).

 

En la sesión capitular de 1970, aunque había puesto su oficio a disposición de los capitulares, fue confirmado como superior general. Durante los años en los que fue consultor y después superior general logró visitar la mayoría de las comunidades y misiones. Dotado de temperamento pacífico y moderado, muy enamorado de la tradición de la vida religiosa, trató de convertirse en un puente de unión entre los reaccios a los cambios, garantizándoles la continuidad del espíritu, y los amantes de los cambios radicales, moderando sus extremismos.

 

Los años 1971-1974 presentaron problemas que sometieron su espíritu a un fuerte control y le pidieron una intensa vida de fe: los efectos de la contestación en la Iglesia y en el propio instituto se hicieron evidentes con no pocas defecciones e incluso con la clausura de retiros. El P. Teodoro escribía a su hermana: “A fin de cuentas, lo esencial, hoy, es mantenerse en el espíritu de oración, de sacrificio, de pobreza y de amor a la cruz. Si conseguimos conservarlo, todo tendrá remedio con el tiempo. Sobre todo hay que poner en práctica el amor tanto a Nuestro Señor como al prójimo. Sólo esto nos dará la paz, nos mantendrá en el crecimiento y nos trarerá un gran número de vocaciones”.

 

Hacia finales de 1973 el P. Teodoro salió de Roma para un largo viaje a las comunidades de Nueva Zelanda, Australia, Nueva Guinea, Filipinas, Japón y Corea. Al regresar a Roma en febrero de 1974 siguió la visita por Francia y  Alemania; en abril se trasladó a los EE. UU., para  un capítulos y para  una nostálgica visita a la familia. Siempre había gozado de buena salud, salvo pequeños achaques sin importancia¸pero antes de viajar a su patria  contrajo una infección paratifoidal,  mal diagnosticada y curada. Durante aquel capítulo en EE. UU. tuvo fiebre; al volver de los EE. UU. presidió los de Irlanda y Bélgica en el mes de julio. La misteriosa enfermedad le obligó a salir precipatamente de Bélgica y  regresar a Roma. Su salud fue empeorando y le sobrevino  una crisis pulmonar y  reumática con derivaciones cardíacas.

 

El P. Teodoro tuvo que pasar el húmedo mes de septiembre y los primeros días de octubre en el Hospital del Calvario, de las religiosas de la Pequeña Compañía de María, distante unos minutos de la casa de los Ss. Juan y Pablo. Los médicos le mandaron reposo absoluto, limitaron el número de las visitas y le obligaron a suspender todo trabajo. Durante las últimas semanas en el hospital, los provinciales de todo el mundo estuvieron reunidos en el II Sínodo de la Congregación, que el P. Teodoro hubiera debido presidir; pero esta vez no tuvo siquiera la satisfacción de encontrarse con ellos.

 

En la tarde dl 9 de octubre de 1974 los religiosos fueron a visitarlo, y lo encontraron de buen humor, reía y charlaba con ellos, y les dijo: “Mañana, después de la misa, quiero que se me administra la Santa Unción, pero discretamente, para no alarmar a nadie; el sacramento me ayudará más que las medicinas”. Pero a las 21,30 empeoró y hubo que llamar rápidamente al capellán pasionista, que le administró la Unción, durante la cual se mantuvo sereno, calmado y tranquilo. De pronto la respiración se hizo fatigosa y comenzó a repetir en voz alta: “Jesús, José y María, os doy el corazón y el alma mía”. La religiosa sor Margarita, que le sostenía la espalda y la cabeza, le dijo: “Ya diré yo las jaculatorias, usted descanse”. Ella dijo: “Jesús, José y María”,  y el P. Teodoro repitió lo mismo; pero al pronunciar el último nombre, su cabeza  se reclinó sobre la religiosa. Había muerto.

 

Una gran multitud acompañó el fétretro desde el hospital del Calvario hasta la basílica de los Ss. Juan y Pablo; fue depositado en la capilla de San Pablo de la Cruz. Al funeral del viernes 11 de octubre asistieron dos cardenales, numerosos obispos, superiores de diversas órdenes religiosas y una gran masa de amigos y de hermanos religiosos.

 

En la mañana del día 12 sus restos fueron llevados por vía aérea a los EE. UU. En Spingfield  tuvo lugar el rito fúnebre y la sepultura en el panteón de los pasionistas, allí donde cinco meses antes había dicho que le gustaría ser enterrado.

 

El 15 de octubre el funeral solemne tuvo lugar en la catedral de San Miguel, de la misma ciudad; el recinto sagrado estaba lleno de fieles. Los pasionistas norteamericanos quisieron honrar a su amado padre y hermano, y a la vez acompañar en el pésame a su hermana y a una tía superviviente. En el lugar de la sepultura, el P. Sebastián Camera, que asumió el gobierno de la congregación como vicario general, pronunció una despedida emocionada:

 

“Con lágrimas te entrego a esta tierra, a tu tierra natal. Para los que vivimos en la casa general de Roma ha sido un sacrificio muy doloroso desprendernos de tus preciosos restos. Has sido el primer superior general que, después de San Pablo de la Cruz, muere en el oficio. ¡Cómo nos hubiera gustado tenerte cerca de nosotros, en Roma! Pero así como hace 16 años tu América natal se desprendió de ti para regalarnos tu presencia y tu servicio en Roma, así ahora la congregación te devuelve a tu provincia y a tus hermanos americanos”.

 

Su amor a San Pablo de la Cruz.  Durante los diez años de superior general, el P. Teodoro escribió pocas cartas oficiales a la propia congregación; se trata de circulares sencillas y breves.  Le gustaba más que los religiosos se empapasen bien de los documentos conciliares y que escuchasen “la voz común” de los  que se reunían  en los respectivos capítulos provinciales.

 

Pero sí había aspectos que le resultaban más estimulantes: por ejemplo, alentaba el estudio de la figura de San Pablo  de la Cruz, de manera que los estudiosos pasionistas encontraron  en él apoyo y estímulo. En 1967 animó a los pasionistas de todo el mundo a conmemorar el I Centenario de la canonización de San Pablo de la Cruz; y en 1971 el 250 aniversario de la emisión del voto de promover la devoción a la Pasión y Cruz de Jesucristo en el corazón de los fieles.

 

Escribió que “el santo nos dejó un modelo de santidad, tanto a nivel personal como comunitario, una santidad que  deberá  florecer siempre en la congregación”.

 

Además de estimular la doveción al fundador, el P. Teodoro animó a profundizar en el misterio de la Pasión de Cristo,  centro de la vocación pasionista. En 1972 se reunió el primer sínodo de la congregación, asamblea establecida después del Vaticano II para asesorar a la curia en el gobierno general . Durante él el P. Teodoro apoyó la iniciativa del P. Harry Gielen de que toda la congregación se responsabilizase de un proyecto llamado “Staurós” cuyo objetivo era favorecer el estudio del Evangelio de la Pasión; este plan comenzó en Bélgica en octubre del año siguiente. En aquella ocasión dijo a los delegados:

 

“La Iglesia nos ha confiado la misión de anunciar el Evangelio de la Pasión con nuestra vida y con nuestras palabras. Y estamos aquí para cumplir  este servicio de una manera totalmente nueva y a la vez prometedora. Tratamos de reunir recursos y personas que apoyen el estudio científico del Evangelio de la Pasión y sus importantes dimensiones y relaciones”.

 

Su herencia. - ¿Qué herencia ha dejado a la Congregación y a la Iglesia?  Tal vez su mayor legado quedó resumido en las homilías que se  pronunciaron durante sus funerales. La primera corresponde al vicario general y amigo P. Sebastián Camera en la basílica de los Ss. Juan y Pablo:
”En la comunidad pasionista se ha producido un vacío: nuestro padre, nuestro sabio maestro y nuestro pastor ha sido llamado inesperadamente a la casa del Padre...

Quiero recordar la última misa que concelebramos el último día de su vida terrena. En el momento de la comunión partimos la hostiar consagrada; el P. Teodoro permaneció unos instantes con la mano alzada y con los ojos fijos en el Cuerpo de Cristo. Fue un gesto significativo: la culminación de su ofrecimiento iniciado cuando se consagró al servicio de Cristo.

Evocamos su recuerdo en esta luz simbólica, expresión del legado que nos deja al morir.Un legado de amor, de benevolencia fraterna en la casa del Señor, de celosa fidelidad al carisma de la Congregación, a las enseñanzas y al espíritu de San Pablo de la Cruz que él representó durante los diez años de gobierno del instituto; años difíciles, sin duda, años de renovación y actualización de la vida de la congregación, durante los cuales la fidelidad del P. Teodoro Foley fue un ejemplo extraordinario y a la vez un fuerte defensor”.

 

La otra homilía fue la del P. Flavian Dougherty en la catedral de San Miguel, de Spingfield, Mass., el 15 de octubre de 1874:

 

“El espíritu de servicio que le era conatural  alcanzó niveles muy elevados con el paso de los años, lo que s in duda influyó en que fuera llamado a gobernar la congregación durante uno de los períodos más cruciales de nuestra historia.

Sólo ahora, mirando hacia atrás después de su muerte,  podemos admirar qué grande fue la Provicencia de Dios al darnos al P. Teodoro como superior general.

Fue un hombre regular en las costumbres, tan firmemente apoyado en las tradiciones de la congregación,          que no aceptó sin más ni más los cambios radicales que han querido instalarse entre nosotros  en los últimos decenios.

Era tan benévolo y moderado que las diferencias, las perplejidades y los choques –palabras y situaciones ya normales- resultaban sentimientos ajenos a su temperamento.

Pensaba que estaba fuera del tiempo en este período; y tal vez  otros pensaban lo mismo, pues querían  verlo más agresivo, sobre todo cuando se trataba de sostener posturas  personales.

Pero era precisamente el tipo de hombre que se necesitaba: una  persona que, por temperamento y por gracia, buscaba  siempre la unidad y la paz.

Han cambiado muchas cosas: el diálogo, los intercambios de opiniones, la fraternidad entre los provinciales de todo el mundo durante el último sínodo, la mayor comprensión de la congregación y del mundo, un mayor sentido de unidad y de comprensión recíproca...Pensamos en todas estas cosas recordando qué diverso era el ambiente que teníamos ante nuestros ojos al reunirnos para el capítulo general de 1968, cuando la congregación parecía como fragmentada y  distante por las vicisitudes del momento.

Cuando cambian los sistema y ocurren sucesos sin precedentes, es cuando se necesita contar con la presencia de un hombre fuerte, que, sea a la vez  mensajero de paz y  esté tan seguro de la propia fe que no lo destruyan los acontecimientos  ni las personas más problemáticas, sensible y a la vez confiado de que no va a ser arrastrado por la cadena de cambios. Sobre todo, en tales circunstancias, lo que más se necesita es  un hombre de oración que  se apoya más en  el poder de Dios que en el propio”.

 

Juan Zubiani, C. P:

Postulador General para las Causas de los Santos

Beato Lorenzo Salvi

LorenzoSalviLorenzo Salvi es un hombre que ha gastado su vida al servicio de Dios y no se detuvo nunca por lo que mereció como apelativo "movimiento perpetuo". Otras de sus características fueron  la mansedumbre y la humildad que aprendió en la escuela de Jesús a niño y de la familia de Nazareth.

Todo esto se dio cuando la suerte lo hizo nacer en Roma, en un ambiente aristocrático, el 30 de octubre de 1782 de Antonio y Mariana Biondi, en el palacio de los condes de Carpegna. El padre se desempeñaba como el administrador de esta noble familia y en aquel tiempo esto significaba casi gozar de los privilegios de la noble familia. Apenas un mes después  de su nacimiento su madre muere, por suerte no padece por ello un gran trauma; en efecto esto sólo lo sabrá antes de su ordenación sacerdotal.

 

Desarrolla sus estudios bajo la guía de los preceptores de los Carpegna y frecuenta el cercano Colegio Romano, donde encuentra como compañero de escuela a S. Gaspare del Búfalo y se convierte en discípulo del camaldolense don Mauro Cappellari, que será Papa con el nombre de Gregorio XVI.

 

A 19 años se convierte en religioso y elige a los Pasionistas, que ha conocido por la fuerte personalidad y oratoria de S. Vicente Maria Strambi. El padre intenta retenerlo, para ello le pide esperar todavía un año más mientras le dice: "Por un año no me hables ni de curas, ni de frailes". Lorenzo obedece, pero terminado el año, se presenta puntualmente al padre y le pide:

“He obedecido, pero ahora debes mantener tu promesa". El Sr. Antonio no puede incumplir los pactos. Transcurre el año de noviciado en el monte Argentaro y emite la profesión religiosa el 20 de noviembre de 1802. Es ordenado Sacerdote en Roma el 29 de diciembre de 1805.

 

También le toca sufrir por la supresión de los conventos decretada por Napoleón; durante los años de 1811 al 1814 se refugia en el pequeño convento de Pievetorina (Mc). Pasada la tormenta napoleónica, es elegido como consejero provincial y como superior de varias comunidades, comprendida la casa general de los Santos Juan y Pablo en Roma, dónde tiene como vicario al B. Domingo Barberi. Lorenzo es un hombre activo y contemplativo y también un óptimo organista. Tiene los dones de la profecía y el éxtasis durante la oración. Realiza muchos hechos prodigiosos.

 

Es un misionero incansable y óptimo director espiritual. Muchos lo piden como guía espiritual debido a su gran piedad, su celo incansable y su prudencia. Son al menos 260 los cursos de misiones y ejercicios espirituales conducidos por él. Agradable y siempre buscado, prédica a toda clase de personas, desde las monjas de clausura hasta los presos con frutos abundantes. Su palabra es eficaz porque está acompañada del ejemplo de una vida santa y de muchos hechos prodigiosos.

 

Pero su característica principal es su tierna devoción al niño Jesús  que en Pievetorina (Mc) en el año de 1812 se le apareció y lo curó de una grave enfermedad. Desde aquel momento el misterio de Belén es "el más dulce y el más suave de los misterios", este misterio se convierte en el alma de su vida ascética y mística, de su apostolado y de sus escritos. Con un voto particular y con la escritura de muchos libros se empeña en propagar esta devoción. Con la imagen del niño Jesús, que él llama cariñosamente "mi dulce pequeño emperador”, realiza no poco milagros. Lo bautizan "el misionero del niño Jesús". Belén, en su decir, "es 1a primera escuela pública de todas las virtudes". Lorenzo, hombre activo y concreto, vive y enseña la bienaventuranza de los "pequeños" a los cuales Dios se complace en revelar "los misterios del reino de los cielos". La pequeña vía de la infancia "espiritual", que será después recorrida y difundida por santa Teresa de Lisieux, es la respuesta de Lorenzo a los desafíos culturales y sociales de su tiempo, a los que propone otras categorías y otros parámetros.

 

No sin emoción todavía hoy podemos admirar algunos "Niños Jesús" de cera construidos por él y un libro para enseñar a construirlos escrito por él mismo. También funda la asociación llamada la "Escuadra de la Sagrada Cuna" para quienes publica un reglamento. Nacido cuando la Ilustración había ya ofuscado muchas mentes, Lorenzo habla de un Dios que por amor se viste de humanidad y que, convertido en niño, invita a todos a caminar con sencillez de corazón.

 

En el 1856, a pesar de no sentirse con fuerzas, obedece a la invitación de los superiores de ir a Capranica (VT) para visitar algunos enfermos que desean su bendición. Va, pero advierte que no estará allí más que tres días. Llega el 9 de junio de 1856; acoge a los que lo visitan, confiesa a los penitentes, bendice a los enfermos, conforta a los dolientes. El 12 de junio muere por un ictus.

 

"Hemos perdido nuestro santo", dice la gente conmovida mientras acaparan sus reliquias. Antes de que Lorenzo sea reconducido al convento, quieren que su cuerpo sea llevado en procesión por todo el pueblo; con trabajos los guardias logran defenderlo de la excesiva devoción.

 

Y enterrado en el convento de S. Ángel de Vetralla VT. Juan Pablo II lo proclama beato el primero octubre de 1989.

 

Francesco Valori

ABRIL 2014: SEMANA SANTA Y PASCUA

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